HACE unos cuantos años, las profundidades marinas permanecían casi completamente ignoradas por el hombre, debido a la carencia de medios para explorar la enorme masa acuática; tan sólo la fantasía, la leyenda y la genial intuición reflexionaban sobre las formas vivientes y su distribución en los dominios abisales.
Con el desarrollo de la tecnología, el hombre ha podido asomarse a los fondos marinos y contemplar directamente la faz de la naturaleza en los niveles donde la distancia a la superficie impide la llegada de la luz solar: el reino de la oscuridad y la penumbra.
En la columna de agua que separa el fondo de la superficie marina se establece una gradación de los factores ecológicos. La luz, a profundidades superiores a los 400 metros, ha desaparecido por completo.
HACE unos cuantos años, las profundidades marinas permanecían casi completamente ignoradas por el hombre, debido a la carencia de medios para explorar la enorme masa acuática; tan sólo la fantasía, la leyenda y la genial intuición reflexionaban sobre las formas vivientes y su distribución en los dominios abisales.
Con el desarrollo de la tecnología, el hombre ha podido asomarse a los fondos marinos y contemplar directamente la faz de la naturaleza en los niveles donde la distancia a la superficie impide la llegada de la luz solar: el reino de la oscuridad y la penumbra.
En la columna de agua que separa el fondo de la superficie marina se establece una gradación de los factores ecológicos. La luz, a profundidades superiores a los 400 metros, ha desaparecido por completo.